La Primavera (Spring).
Sandro Botticelli nació en Florencia en 1445 donde desarrolló su arte dentro del marco renacentista. Este siglo XV se caracteriza por la presencia de artistas preocupados por la luz, el color, la perspectiva y sobre todo por el estudio anatómico del hombre.
Hacia 1475 Botticelli se encuentra en la etapa central de su carrera y será entonces, cuando comience a preocuparse por la temática mitológica que tan característica es en su obra. En 1482 es requerido por la Signoria de Florencia, junto a otros artistas, para decorar la nueva ala magna del palacio. Dicho encargo se efectúa tras su estancia en Roma, donde ha adquirido conocimientos y prestigio, mieles que comienza a recoger nada más volver a su ciudad natal. Sin embargo, durante estos años no desatiende los encargos privados provenientes de su gran mecenas, la familia Médicis, sobre todo los solicitados por Lorenzo de Pierfrancesco. Es para él, y para su familia, para los que realizó varias obras importantes de temática mitológica. Estando entre ellas, la que se muestra en este vídeo: "La Primavera", un canto a la sensualidad y a la pintura en general.
La primavera es una obra realizada en torno a los años 1478-1482, con la técnica del temple sobre tabla, que actualmente se encuentra en la Galería de los Uffizi de Florencia. Inspirada en fuentes literarias, en realidad se trata de una especie de emblema mitológico del amor platónico.
Se compone de varias escenas: En el centro de la imagen, sirviendo además de eje compositivo nos encontramos con Venus, destacada no tan solo por la posición preminente, sino porque en torno a su cabeza, se dibuja una especie de aureola con la vegetación. Aparece representada con los atributos de una mujer casada, simbolizando la fuerza creadora del orden natural. Sobre ella se encuentra Cupido, que lanza una de sus flechas hacia una de las ninfas que acompañan a Venus. A la derecha del espectador aparece Céfiro, uno de los vientos, que persigue a la ninfa Cloris, que, en el momento en que éste la toca empieza a expulsar flores por la boca para transformarse en Flora, diosa de la vegetación y de las flores, que nos mira sonriente a la vez que parece ir esparciendo las flores que conforman su vestido. A la izquierda (del espectador) se representan las Tres Gracias, las servidoras de Venus, muy apreciadas por los neoplatónicos, que les van a atribuir las mismas virtudes que a la diosa. Aparecen realizando una especie de danza, vestidas con telas semitransparentes, correspondiéndose la que está más a la izquierda del cuadro con "Voluptas", la de la derecha con "Pulchritudo" y la que está de espaldas, hacia la que apunta la flecha de Cupido, con "Castitas", que precisamente se vuelve hacia el dios Mercurio, pintado a la izquierda de la composición. Mercurio, mensajero de los dioses, sería también el nexo de unión entre la tierra y el cielo.
Mediante este complejo relato se trataría de crear uno de los círculos neoplatónicos del Amor. Éste surge en la tierra mediante la pasión (representada por la actitud de Céfiro) y regresa al cielo como contemplación (la de "Castitas" hacia Mercurio y la de éste hacia el cielo). Esto para un neoplatónico es lo mismo que decir que el amor carnal no es el verdadero (así desaparece al tocarlo, igual que Cloris), sino que debe convertirse para que sea real, en un amor contemplativo, espiritual e idealizado (platónico).
La rememoración de este tipo de mundo se hace mediante la ausencia de perspectiva, para construir un escenario que no sea real. El protagonismo, como es característico del pintor le corresponde a la línea que marca un suave ritmo ondulante, haciendo parecer a las figuras como bailarines de un mundo ajeno al real. La composición se estructura a base de triángulos, contribuyendo a dotar aún más al cuadro de sensación de serenidad. La luz es homogénea, no crea sombras ni aparece claramente identificada y con respecto al color, predominan los tonos suaves, destacando los c...