José Val del Omar (Granada, 27 de octubre de 1904 – Madrid, 4 de agosto de 1982) fue un fotógrafo, director de cine e inventor español.
Val del Omar fue un «creyente del cine» que formuló mediante las siglas PLAT —que equivalen al concepto totalizador de Picto–Lumínica–Audio–Táctil—. En 1928 anticipó ya varias de sus técnicas más características, incluyendo el «desbordamiento apanorámico de la imagen», la salida fuera de los límites de la pantalla, y el concepto de «visión táctil». Dichas técnicas, y la del «sonido diafónico» y otras exploraciones en el campo sonoro, fueron aplicadas en su Tríptico elemental de España, que incluye: «Acariño galaico» (1961/1981-82/1995), concluido póstumamente, «Fuego en Castilla» (1958-60) y «Aguaespejo granadino» (1953-55). Un recorrido de norte a sur por España y los tres elementos —tierra, fuego y agua—.
Su obra e investigaciones no empezaron a ser valoradas y en cierto modo redescubiertas hasta poco antes de su muerte.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Tríptico elemental de España
- 1. Acariño galaico
Escarbar con la cámara de Val del Omar es toparse con las profundas raíces de lo español: el folclore, los símbolos, los edificios y rituales religiosos, los habitantes rurales, el paisaje, los animales. Las esculturas de un joven Arturo Baltar cubierto de barro seco, como una estatua viviente más, nos acompañan durante la primera parte de nuestro viaje. La arquitectura de la Catedral de Santiago, la gaita y el pandero nos conducen entre cantos, campanas, desconcertantes estruendos y sonidos de la naturaleza por el constante devenir entre la vida y la muerte. El elemento tierra aparece aquí relacionado con el agua y el fuego, por ende, con sus trabajos anteriores.
El cinemista explora el infinito potencial de la imagen en movimiento para llevarnos a un estado casi de trance, sirviéndose para ello de imágenes en negativo y positivo, efectos de luces y sombras, la táctil-visión, distorsiones ópticas y juegos de zoom.
Son familiares los paisajes brumosos, los acantilados, los cruceiros, los incendios en el monte, las procesiones, los abrazos al apóstol, las referencias a Rosalía de Castro. Sin embargo es inevitable sentir extrañeza y fascinación ante su peculiar manera de trabajar con el universo simbólico y el imaginario cultural gallego.
Ojos humanos y no humanos nos observan desde las sombras. Nos rendimos ante las texturas y volúmenes del barro, de la piedra, de los rostros, prácticamente palpables. Los gritos y disparos de Antonio Tejero en su intento de Golpe de Estado en 1981 irrumpen para cerrar violentamente la película.
- 2. Fuego en Castilla
Como en una alucinación en blanco y negro, las esculturas de Alonso Berruguete y Juan de Juni en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid cobran vida en Fuego en Castilla. «La visión táctil es un lenguaje pulsatorio elevador de la sensación palpitante de todo lo que vive y vibra», escribiría el mismo Val del Omar. El objetivo: «expresar con la luz la sensación táctil que producen cuando los tocamos: la reacción».
En esta cinegrafía, las técnicas se perfeccionan hasta el punto de la hipnosis por las luces parpadeantes con patrones geométricos y botánicos, inmersa en las aceleraciones, distorsiones y superposiciones. El sonido, más que acompañar, suma nuevas dimensiones y capas.
El tiempo se detiene y se suspende en la imagen de tres máscaras flotando en el agua sobre juncos y otras plantas, en las llamas elevándose al pie de una cruz de piedra. «El que ama arde y el que arde vuela a la velocidad de la luz. Porque amar es ser lo que se ama». Estas palabras y unas flores a color nos devuelven poco a poco a una realidad más cálida y reconfortante.
- 3. Aguaespejo granadino
El líquido elemental, origen de la vida y fuente de purificación, articula la primera película que realiza Val del Omar después de su participación en las Misiones Pedagógicas durante la Segunda República Española. Aguaespejo granadino está filmada en su ciudad natal; entramos en contacto con su gente y su cultura, que preserva el fascinante legado árabe. La arquitectura de la Alhambra y el Generalife, sus fuentes, surtidores, canales y desagües despliegan un catálogo de la ingeniería hidráulica de la civilización andalusí.
Fluyen las imágenes líquidas, fluye la luz, fluye el tiempo y fluye la vida en movimientos cíclicos: ascenso-descenso-ascenso.
Con su técnica del sonido diafónico, Val del Omar registró más de quinientos sonidos diferentes en Granada. El agua también es la protagonista en este sentido, junto con los cantos populares llenos de ruidos, distorsiones, desplazamientos, ecos, reverberaciones, variaciones de intensidad, aceleraciones o retardos. Al igual que el sonido, la imagen también se distorsiona, se tiñe, se retarda, se acelera, se detiene. Todo está vivo y todo vibra a nuestro alrededor.