Segundo de Chomón apareció a principios del siglo XX en el firmamento cinematográfico como un discípulo de Méliès. Más tarde se convertiría en uno de los primeros animadores en dominar el arte del stop-motion.
En este film, Chomón realiza una típica rutina ilusionista — salvo por el inusual uso del color, el pionero detalle de enfocarse en la mano del mago con un primer plano y por la siniestra secuencia de un hombre vomitando monedas que parece presagiar el surrealismo.