Brazil – Director: Terry Gilliam – Estreno: 1985.
Si la visión de 1984 era de un totalitarismo socialista, la de la genial Brazil (si, con Z) es la surrealista visión de un mundo (al parecer perfecto) plagado de burocracia desgastante donde para solicitar cualquier cosa se deben llenar cientos de formatos y requerimientos por cuadruplicado o más, es la visión del fascismo puro. Al igual que en 1984 existe una fuerza gubernamental represiva que “elimina” a los individuos que se oponen al sistema.
El personaje principal de la película, Sam Lowry, interpretado por el actor Jonathan Pryce, es un burócrata más que se ve obligado a entregar un recibo a la viuda de uno de estos “desaparecidos” por las autoridades que, y se muestra al inicio del film, es producto de un terrible error tipográfico. Hay escenas que están cargadas de un impactante simbolismo, especialmente aquellas donde el protagonista sueña, y una, que es la más crítica del film respecto al monstruo burocrático, donde uno de los personajes desaparece, literalmente, devorado por papeles.
En Brazil, los colores son vividos y el ambiente es opresivo, pero a diferencia de 1984 se muestra como los burócratas de alto nivel viven en un ambiente lleno de riqueza y, la clase media y baja, en habitáculos limitados en el espacio y por supuesto cargados de impuestos que los limitan en lo económico; basta ver el automóvil que conduce Sam Lowry para comprender cuan limitados están los burócratas de bajo nivel. El tono de comedia de la película nos muestra (no olvidemos que la comedia inteligente en el fondo es crítica social) con mucho acierto el mercantilismo exacerbado, la burocracia asfixiante y, nuevamente, las trágicas consecuencias de los totalitarismos. Si 1984 era una crítica abierta al socialismo, Brazil nos expone con brutalidad las consecuencias de la ultraderecha y el Fascismo.