MEJOR PELÍCULA DE 1892
Título original: Pauvre Pierrot!
Dirección: Émile Reynaud
País: Francia
Año: 1892
Género: Animación
Duración: 4 minutos
Cine mudo, color
Protagonistas: -
Cortometraje francés de dibujos animados, dirigido por Émile Reynaud, que se estrenó en noviembre de 1892 en el Musée Grévin de París y se proyectó ininterrumpidamente hasta febrero de 1894 mediante el teatro óptico, un sistema de ilusión de movimiento inventado por el propio autor, que proyectaba una película sobre una pantalla translúcida haciéndola pasar ante una fuente de luz dotada de un sistema de espejos.
La historia desarrolla una trama cómica entre los personajes, extraídos de la "comedia del arte" italiana, Arlequín, Pierrot y Colombina. Los dos protagonistas compiten por el amor de Colombina, si bien esta muestra su rechazo hacia Pierrot y se queda al final con el amor de Arlequín. Es el capítulo de dibujos animados más antiguo que se conserva.
Contiene 500 fotogramas. Se cree que Reynaud hizo la mayoría de las representaciones él mismo, manipulando la duración de las imágenes que se mostraban, llegando a realizar una actuación de hasta 15 minutos.
Fue una de las tres proyecciones que se mostraron en el espectáculo titulado 'Pantomimes Lumineuses', que duraron hasta el 1900, con un total de 12.800 representaciones ante más de medio millón de espectadores.
SINOPSIS
Arlequín pasea con una máscara por un jardín. Al oír que alguien se acerca, se esconde tras una columna. Aparece la bella Colombina, que se asusta al ver al enmascarado salir de su escondite, pero se tranquiliza cuando el joven Arlequín se descubre. Este comienza a declarar su amor a Colombina cuando, tras escuchar un ruido en la puerta del fondo, se vuelve a esconder y se coloca la máscara.
Era Pierrot, con una mandolina en bandolera y un ramito de flores oculto a su espalda, que, tras una reverencia, ofrece a Colombina quien, sólo por compromiso, acepta el regalo. Pierrot observa el poco interés que muestra ella y se va, lo que aprovecha Arlequín para salir, le hace una seña y se van a su casa.
Poco después aparece Pierrot llorando desconsoladamente y, tras beber unos tragos de licor, cobra nuevos ánimos y se dirige al balcón de la casa donde entona una serenata con su mandolina. Arlequín, enfadado, le propina un golpe rápido en la espalda y se va. Pierrot, sin ver quién le ha golpeado, acaba de vaciar su botella y canta de nuevo su canción:
Pour peindre vos grâces fines
Votre taille de roseau
Je saurai prendre á Watteau
Son âme, ô ma Colombine
Un vieil air de mandoline,
L'évoquera du tombeau
Pour peindre vos grâces fines
Votre taille de roseau...
Arlequín, cogiendo la botella que ha dejado en el suelo, le da otra buena ración de golpes y, satisfecho por haberle dado su merecido, va a reunirse con su amada Colombina.
ÉMILE REYNAUD (1844-1918)
Émile Reynaud estaba profundamente influido por los trabajos del abad Moigno, lo que llevó a investigar los fenómenos de la ilusión de movimiento. Así construyó en 1877 el praxinoscopio, el cual, tras posteriores mejoras y desarrollos, dio lugar al teatro óptico en 1888. Éste permitía proyectar sobre una pantalla translúcida cintas animadas y perforadas que él mismo hacía pasar entre dos bobinas, ante un sistema de luz y espejos, tras la propia pantalla. Una linterna mágica proyectaba una imagen fija con el escenario o decorado sobre el que la película animada desarrollaba su acción.
La cinta fue dibujada y coloreada a mano por el propio Reynaud. Utilizó para ello el sistema de disociación de figuras animadas decoradas, con calcos sucesivos sobre hojas transparentes, que es básicamente la misma técnica que empleará en adelante el sistema tradicional de animación de dibujos. También se sirve de trucados, bucles (un movimiento simple que puede repetirse indefinidamente) y, en definitiva, las técnicas que serán esenciales en el dibujo animado posterior.
Émile Reynaud, si bien no era un ilustrador profesional, creó unos dibujos simples pero definidos; con un estilo que puede ser comparable al de Hergé. Sus tramas, al igual que sus dibujos, son sencillas y poéticas; de un estilo naif. Él mismo incorporaba una música a la proyección, y la dotaba de efectos sonoros (golpes, puertas), que realizaba tras la pantalla, desde donde manejaba su ingenio mecánico, al otro lado del público. Sus películas tuvieron un gran éxito hasta que, con la aparición del cinematógrafo Lumière en 1895, entró en competencia con el cine fotografiado, para, en 1900, abandonar sus propias películas, que acabó arrojando al Sena -aunque alguna se salvó- poco antes de morir en un manicomio, olvidado por todos.