En 1824 el gobernador Rafael Dávila intentó comenzar el camposanto pero no logró nada en su corta gubernatura. El obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas había mostrado interés en el proyecto a través de una fuerte cantidad de fondos donados al hospital, pero falleció ese mismo año.3
El siguiente obispo José Miguel Gordoa y Barrios tampoco logró la construcción del camposanto pero su sucesor el obispo Diego de Aranda y Carpinteiro por fin logró iniciar las obras. Aranda dispuso de recursos del obispado para mantener el hospital a flote cuando el gobierno civil no podía con los gastos.3
El obispo Aranda le encargó el proyecto al arquitecto Manuel Gómez Ibarra, cuyas obras en la Guadalajara destacan la cúpula del Hospicio Cabañas, las torres de la catedral, el pórtico del Templo de Nuestra Señora del Pilar y el Santuario de San José de Gracia.23
Originalmente fue inaugurado como el Panteón Guadalupe. Cerró con la apertura del Panteón de Mezquitán.3
Mausoleo central
La «Capilla Egipcia» en el Panteón de Belén de Guadalajara. La gran cripta subterránea guarda los restos mortales de decenas de tapatíos distinguidos y pudientes del siglo XIX.
Guadalajara, Panteón de Belén, Sección Norte.
El 11 de noviembre de 1889, el general Ramón Corona, entonces gobernador de Jalisco, murió luego de ser apuñalado. Sus restos fueron sepultados en este mausoleo central, dando inicio a la costumbre de honrar a los hombres ilustres en ese lugar. El 15 de mayo de 1967 su cuerpo momificado fue llevado a la actual Rotonda de los Jaliscienses Ilustres.5
En el centro del área destinada a las personas pudientes de aquel tiempo se encuentra un mausoleo que el propio Manuel Gómez Ibarra describió como una construcción con reminiscencias egipcias, por lo que se le llama «Capilla Egipcia», aunque también se barajó en sus inicios que estaba inspirada en el mausoleo de Halicarnaso.5
Es una construcción cuadrangular del estilo neoclásico y egipcio con una altura de 24 metros. Alberga una capilla dedicada a Santa Paula de Belén, de donde viene el nombre de este panteón, con tres puertas a la que se accede por escalinatas con una inclinación más pronunciada que lo habitual. La cúpula está revestida de mosaico y la adornan, cuatro esculturas monumentales de plañideras, colocadas cada una en una esquina.5
El número 36
Se dice que la vibración de las campanas del mausoleo central viajan hasta las torres de la catedral donde se replica el sonido. Tanto el mausoleo como las torres fueron hechas por el mismo arquitecto, Manuel Gómez Ibarra. Una prueba mostró que el mausoleo rebota los sonidos a 36 hercios. Se dedujo que el mausoleo funciona como una caja de resonancia que ejercía una influencia en la torre sur de la catedral. Curiosamente la torre sur es 36 centímetros más corta que la torre norte. Existían documentos que decían que el camposanto media 180 por 180 metros, pero en realidad es de 144 por 144 metros, si uno resta 144 de 180 uno obtiene el número 36. El número 36 se repite tanto en el camposanto como en otras partes de la ciudad, la imagen de Nuestra Señora de Zapopan también mide 36 centímetros.5
Leyendas
Al fin juntos
En 1850 José María Castaños, de una familia adinerada, y su novia Andrea, de orígenes humildes, estaban enamorados y caminaban por las calles de Guadalajara solo pensando en el día que estarían juntos. La madre de José no aprobaba su relación porque le aborrecía la idea de tener una nuera pobre. Intentó sobornar a los padres de Andrea para presionarla en ponerle fin a la relación. Sus padres se ofendieron por la oferta de la madre de José y ya tampoco aprobaron su relación. La pareja desesperada decidió que era mejor morir juntos para así lograr unirse. Después de descubrir sus cadáveres fueron sepultados juntos en el Panteón de Belén. La madre de Jose asumió la culpa de sus muertes y puso una guirnalda de flores enlazando las cruces de sus tumbas. Con el tiempo la guirnalda se convirtió en piedra, y la señora lo vio como una señal del perdón de la pareja.6
Consultorio médico
En las gavetas del camposanto se encuentra uno de los mejores conservados epitafios, perteneciente al médico José G. Castro que falleció a la temprana edad de los 29 años. Después de su muerte mucha gente acudía a su tumba, primero para ofrecer sus condolencias y luego para pedir ayuda para sanarse. La leyenda cuenta que toda persona que acuda a su epitafio al mediodía en punto y le haga una oración será cumplida su petición para una persona enferma.6
Nachito, el niño con nictofobia
Ignacio Torres Altamirano era un niño que le temía mucho a la oscuridad, lo que es conocido como la nictofobia. Era tanto su miedo que siempre tenían que permanecer las luces encendidas en su cuarto para evitar que llorara y gritara. Una noche por descuido de la niñera o de sus propios padres, amaneció el niño muerto. Fue sepultado en el Panteón de Belén.