Anna, la única hija de Felice Pastorino, un rico comerciante genovés, se enamora de un joven marinero, Eugenio Devoto, con quien sólo ha intercambiado unas pocas palabras. Pastorino, un hombre de buen corazón, ama sinceramente a su hija pero también es muy apegado al dinero y le gustaría casarla con su primo Alessandro Raffo, un hombre que ya no es joven ni rico sino estrecho de miras y materialista.
Eugenio, a pesar de que fue tratado con rudeza, al día siguiente de aquel encuentro se embarca rumbo a Sudamérica en busca de fortuna, no sin antes prometerle que a su regreso le pediría matrimonio. A medida que pasan los años, Anna se sorprende a menudo pensando en Eugenio y esa promesa la hace rechazar cualquier otro matrimonio, empezando por su primo Alessandro, hacia quien tampoco siente ninguna simpatía.
Sin embargo, unos años más tarde, desilusionada por la espera y sin ver otra salida, cede a la insistencia de su padre y se resigna a casarse con Alessandro. El día de la boda, cuando el cura le hace a Anna la fatídica pregunta, aparece Eugenio, que ha regresado rico de Argentina, y grita descaradamente que no; él tampoco la olvidó nunca y regresó para cumplir su promesa. Anna se siente enferma y, por tanto, se pospone la boda.
Eugenio encuentra la manera de acercarse a ella y declararle su amor; ella también está enamorada de él y el señor Pastorino acaba dando su consentimiento, convencido también por el hecho de que Eugenio no se llevará a su hija a Argentina sino que se convertirá en director de la filial comercial de su empresa en Génova.