El convento recibe una extraña visita de mano de la hermana Angela, un monje de espiritualidad oriental, llamado "serpiente que camina". Pero también otra visita más desagradable, la hermana Sagrario viene de Sevilla con la intención de vender el convento. Por suerte la Madre Fundadora le comunica a Asunción que el convento no se puede vender porque es propiedad del Rey.