EL RAPIDO DE ROMA (Rome Express, Reino Unido, 1932)
Dirección: Walter Forde
Guion: Sidney Gilliat, Ralph Stock, Frank Vosper. Argumento: Clifford Grey
Música: Leighton Lucas
Fotografía: Günther Krampf (B&W)
Reparto: Conrad Veidt, Muriel Aked, Joan Barry, Donald Calthrop, Finlay Currie, Cedric Hardwicke, Gordon Harker, Harold Huth, Eliot Makeham, Esther Ralston, Frank Vosper
Productora: Gaumont British
Género: Intriga. Aventuras. Drama. Romance. Thriller | Trenes / Metros. Crimen
Sinopsis
En un tren expreso un grupo variopinto de personas se ve envuelto en una trama de ladrones y chantajistas, tan rápida como el mismo tren. El grupo, entre otros, está formado por una estrella de Hollywood y su publicista, una pareja adúltera, un filántropo, un obsesionado golfista, un aprensivo y dos bandidos que persiguen a otro. (FILMAFFINITY)
Premios
1933: National Board of Review (NBR): Top películas extranjeras
Walter Forde comenzó su carrera artística como cómico de music-hall para, a partir de los años 20 dedicarse a realizar películas centrándose exclusivamente en la dirección a partir de los años 30 especializándose en thrillers y comedias.
Thriller y película coral, una de las primeras en el abundante género de pelis desarrolladas exclusivamente en un tren, reúne a diversos personajes de variado pelaje: una pareja de adúlteros, una actriz de fama, un ricachón tacaño y estirado, un jefe de policía con aficiones coleópteras y unos ladrones de cuadros, conformando un entretenido producto de buen pulso narrativo, hábilmente rodada en el “interior” de un tren.
Con guion del también director Sidney Gilliat, fue el primer gran éxito del cine sonoro británico en EEUU, protagonizado por un ojeroso Cedric Hardwicke junto a Conrad Veit –furibundo antinazi, casado con una judía que, paradojas de la vida, acabó su corta vida cinematográfica encasillado en papeles de nazi, véase la mítica “Casablanca” (1942)- en una de sus primeras producciones en el extranjero.
Todo jugado con sutil ironía, lleno de asociaciones e ideas contrastadas (sería largo enumerarlas, pero empieza enseguida cuando los dos amantes dicen que no hay pecado en su amor e inmediatamente después pasan dos monjas), de metáforas (el carbón que se da a la locomotora con la pala y la cuchara que entra en la boca de los comensales, Pero aquí estamos en un nivel de cine más maduro que en sus primeras obras, por lo que debemos pensar que las influencias fueron mutuas y que el maestro inglés también se empapó de estas obras.
Aunque no se ve Roma, la película tiene un aire internacional que no es habitual en el cine británico, empezando por el alemán Conrad Veidt, la estadounidense Esther Ralston y ciertamente, hacia el final, hay al menos un actor verdaderamente italiano (no acreditado).