Ulrich Seidl I Austria I 120 min I 2012.
La mordacidad al palo. Eso define al cine de Ulrich Seidl. Distante y miserable como el peor Todd Solondz, el director austríaco es otro que ha hecho de su obra un estudio agudo sobre la ridiculez del comportamiento humano. Y en ese sentido, Paradies: Liebe (la cual forma parte de una trilogía que en algún futuro nos gustaría compartir) no se queda atrás en su mirada ácida y en concreto, en su manía por hacer visible la falta de escapatoria que hay en estos tiempos pos-pos-pos-modernos. Yendo al grano, la historia es simple. Una mujer de mediana edad vaciada de afecto decide tomarse unas vacaciones de Austria a las playas de Kenia en busca de una EXPERIENCIA. Pero sabemos, detrás de la palabra”turismo” no hay nada más que números, CBU, recorridos preestablecidos, y poco, casi nada, de algo espontáneo.
El universo de Seidl, un formalista consciente que desde que arrancó no alteró jamás su estética, acompaña desde su puesta distanciada este funcionamiento desangelado del mundo. Su forma de filmar paciente y quirúrgica obliga a verlo todo -aunque más que verlo, a contemplarlo- a través de una vidriera exageradamente limpia. Esa manía puntillosa, simétrica y hasta coreográfica en la manera en que se mueven los personajes parece algo ajeno a la realidad, un capricho de un dios creador como bien podrían ser las casitas de juguete construídas por Wes Anderson. La cuestión es que acá el universo del austríaco no pertenece a lo fantástico ni se embriaga con su propia imaginación. Directamente absorbe aspectos de la realidad y los dispone de una manera particular, propia. El mundo que plasma es uno programático, silencioso, frío, absurdo, universal. Es decir, uno como el nuestro. De manera que sin subtítulos la película se entendería igual. Seidl ordena los planos como góndolas de supermercado, anula la espontaneidad y hace que todos cumplan un rol específico: el baile de bienvenida en el hotel, los prostitutos keniatas que repiten el mismo guion para seducir a Teresa y al resto de las turistas: y también, la misma Teresa, quien buscando algo cercano al amor, algo humano, algo que en la estructura de ese mundo medido y predecible pareciera ser inexistente, termina finalmente alimentando la rueda de la cual quiere salir.