Nosferatu: Phantom der Nacht, de Werner Herzog, constituye un magistral ejemplo de lo que debería ser un buen remake: un trabajo respetuoso con la obra original (en este caso Nosferatu el vampiro, el clásico silente de F. W. Murnau), y, al mismo tiempo, poseedor de una personalidad y un estilo cinematográfico propios.Lo que en la película muda era espanto y horror, da paso aquí al lirismo y la hipnosis visual.